La Sala de Campero fue la misma que suspendió las interpelaciones de ministros y que ordenó al Tribunal Electoral supervisar de manera provisional el congreso “arcista” del MAS, entre otras decisiones que generaron rechazo de opositores y “evistas”.
Defendió sus decisiones y pidió al Órgano Electoral que, en lugar de denunciar una injerencia, debería estar tomando actitudes de una verdadera autoridad